Dulce Espinosa y el acto de olvidar

Poema-Reflexión

Redacción RetaguardiaMix

 

Dulce Espinosa

 

Desde pequeña, Dulce María Espinosa pedía que la llamaran Dulce Espinosa; con este acto simple, suprimir el María de su nombre, la poeta sobrina-nieta de Frida Kahlo, de quien hablaremos en este texto, tuvo su primer gesto artístico. A sus doce años formó parte del grupo «Kaleidoscopio Interactivo De Sueños», los miembros de este colectivo cargado de ánimo y buenas intenciones lo reducían a las siglas K.I.D.S. (un afortunado nombre sin duda), de esta amalgama de talentos, ella fue el miembro más descollante en el gremio artístico y quien cuenta con una trayectoria más larga, tanto que aún no termina. De estas primeras aventuras estéticas surgieron versos en los que aparecen ya la rebeldía y el sentido juguetón que nunca la han abandonado. Prueba de ello el poema «Salchichas con puré»:

 

Un día me preocupé,

al ver lo que pasaba.

Yo no sabía qué hacer, estaba sola

y daba vueltas en la casa.

 

Todos querían comer,

pero no había nada.

De pronto cambió, no sé quién cocinó,

pero se le quemó y volando yo tuve

que hacer salchicha con puré.

 

Eh, oh, eh, oh, eh,

salchicha con puré

 

 

Años después, Dulce Espinosa se incorporará a la revista «underground» R.B.D. (ar-bi-di o erre-be-de), cuyas siglas significan Rockeros Beodos y Dealers, en esta publicación, más allá de que aparecerán algunos de los poemas más laureados de nuestra poeta defeña, están publicados artículos de opinión política de la respetada Anahí Puente. Inolvidables los versos «Sólo quédate en silencio cinco minutos», que tantas veces han sido relacionados con el maestro Neruda.

 

En sus últimos años Espinosa sigue explorando, como todos, ese tópico tan antiguo como la idea del «ying» y el «yang», como la cosmogonía regida por el «Tloque Nahuaque», nos referimos a la dicotomía del animal y el dios, del hombre y del demiurgo, de la risa y del llanto, temas en cuyo fondo subyace el problema de la dualidad del ser.

 

Aunque, en esta ocasión, ofrecemos a ustedes algunos versos del libro «Dulce amargo», en específico un fragmento del poema-reflexión «Atrévete», en el que su pensamiento se detiene para profundizar, con acierto y sencillez, en el acto de olvidar:

 

Gran pregunta: ¿Por qué olvidamos?,

seguramente te has preguntado,

¿cómo pude olvidar a alguien tan importante?

O, ¿cómo pudo olvidar lo que vivimos?

En fin, yo no creo en el olvido.

El olvido es matar tus memorias,

es borrar tu historia, los antecedentes de tu yo actual.

Por eso me cuesta trabajo entender

por qué la gente se va y por qué las cosas terminan o cambian.

Lo cierto es que creo firmemente

en que siempre queda algo y siempre se llevan algo.

Para algunos es más fácil desprenderse de las cosas o personas,

a otros les cuesta más trabajo.

Pero yo te puedo asegurar que nadie te ha olvidado,

que estás en la memoria de muchísimas personas.

Aunque la vida siga, aunque el mundo gire, y no se detenga, las huellas

que las personas han dejado en ti nunca se irán, porque te enseñaron algo.

Y las huellas que tú dejes en las personas, procura que sean positivas para que,

aunque sea muy dentro de ellas, tengan una buena historia…

Aunque creo que el olvido al 100% no existe,

creo los humanos guardamos muchas cosas importantes

en la caja de nuestra alma

para que no nos lastimen,

para que no nos descubran,

para que no nos duela o para no enfrentar…

 

 

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