Miguelito es el ratón; a mí llámenme Mike

Cine

Redacción RetaguardiaMix

(@retaguardiamix)

 

Poster «Llámenme Mike»

 

Uno de los trabajos de dirección que muchos vieron de Alfredo Gurrola fue la telenovela Muchachitas, que representaba una evolución del concepto Quinceañera, cuatro «muchachitas» de diferentes procedencias sociales intentando ingresar a un taller de artes escénicas. Telenovela producida por Emilio Larrosa y con una inolvidable muerte para el villano Federico Cantú, personificado por Alejandro Camacho, enterrado vivo y rascando la tapa de su ataúd. Era 1992.

 

Trece años antes, en 1979, Gurrola filmaba su segundo largometraje: Llámenme Mike. Con el sexenio de José López Portillo, del cine de ficheras de Sasha Montenegro y lo negro del «Negro» Durazo en ebullición; Gurrola retoma el llamado «cine negro”, o si usted prefiere «film noir», para tropicalizarlo y con él exhibir los excesos de la policía y sus nexos con el narcotráfico.

 

Ya desde la primera escena vemos a un grupo de judiciales abandonado el cadáver de Carmelita, prostituta muerta por un «pasón» de cocaína. Tan jaladora que era se lamenta uno. Pero la culpa la tiene el jefe, ella ni quería, dice otro. El humor negro, tenso e incorrecto será una constante, junto con los diálogos y secuencias llenas de detalles macabros. Como el guiño necrofílico del paradero de Carmelita, cuyo cadáver no es hallado en la carretera, donde fue dejado por los judiciales, sino en el cuarto de un motel.

 

Estas secuencias sólo pudieron estrenarse hasta 1982, cuando el sexenio acababa; para ganar ese mismo año tres Arieles: Mejor Actor, Mejor Guion Cinematográfico y Mejor Argumento Original.

 

La película oscila entre el «film noir» y el «video home», con pistolas a las que no se les terminan las balas y sangre a granel. Las exageraciones están sostenidas por las actuaciones de los agentes O’Hara, Lupe y Domínguez.

 

Y aunque el crédito principal lo lleva, quién más, Sasha Montenegro, el protagonista es Alejandro Parodi, «Miguelito», uno de los miembros del grupo de agentes, aficionado a las novelas detectivescas de Mickey Spillane y su personaje Mike Hammer, quien en una escena aparece leyendo: Bésame moribunda (Kiss me deadly) .

 

Alejandro Parodi

 

Miguelito, tras una redada en la que se pierden dos kilos de droga, tendrá que funcionar como chivo expiatorio del crimen para salvar al jefe O’Hara. Ya encarcelado y tras una golpiza en el baño, recetada por aquellos a quienes apresó y torturó, queda «tocadiscos» y en su mente sólo permanecen sus novelas policiacas. En ese estado quijotesco, creyéndose un espía norteamericano en plena lucha contra los rojos comunistas pedirá que lo llamen Mike, se fugará del hospital y ejercerá su venganza, asesinando a aquellos que amenazan el Mundo Libre. Su némesis: El Rojo.

 

Durante toda la trama la burla de Gurrola y los guionistas Reyes Barcini y Jorge Patiño (quien actúa como uno de los locos del manicomio), no sólo abarca el contexto político-social; explota la música de series, las atmósferas y situaciones de las películas de ficheras, pero también es desquiciada, como las escenas del psiquiátrico que recuerdan la novela de Kesey, las repeticiones de canciones y monosílabos por parte de los locos ; los encuadres de películas de gángster; y los diálogos «españolizados« de las novelas que lee Mike, quien a partir de su transformación agregará frases en inglés y expresiones oralmente falsas a su habla, por ejemplo, ahora llama «Shorty» a su amigo Chapo.

 

Sasha Montenegro

 

Decir que Llámenme Mike es una anomalía en el cine de ficheras sería pasar por alto el diálogo que establece con las creaciones de su época, pues Gurrola pone, tanto visual como sonoramente, elementos que saltan su trama y parodian no sólo el cine de mitad de los setentas que tanto retrató los giros negros del D.F., además, a través del discurso cómico, criticó al aparato policial que los toleraba.

 

Joya imperdible de la comedia mexicana que contiene a uno de sus mejores anti-héroes.