«El swing de la vinatería», Fernando Delgadillo

«Does Humor Belong in Music?» Antología de «rolas» con humor

Redacción RetaguardiaMix

 

Fernando Delgadillo, cantautor favorito de bohemios izquierdistas y CCH-eros, famoso por piezas con sabor a trova tales como «Hoy ten miedo de mí» y «Entre pairos y derivas», tiene una amplia colección de canciones humorísticas en su discografía, que a lo largo de su carrera ha sido opacada por sus melodías recubiertas de nostalgia, amor y protesta.

 

Lo recuerdo en entrevista con el difunto Germán Dehesa, hablando de la influencia de Chava Flores en su trabajo; tiene sentido esta declaración, sobre todo luego de oír ese indispensable álbum, Desviaciones de la canción informal, donde el listado de canciones luce varias melodías humorísticas: «El rag de las tres», «Te dejo y ya», «El retocador de calles» y la prestigiada «Llamadas anónimas».

 

Nos concentraremos en la pieza «El swing de la vinatería», también parte del Desviaciones… El título nos propone, más que una afiliación genérica, una estructura donde el ritmo marcado por el bajo será la constante. Ese ritmo suave pero poderoso enmarca una situación medianamente cotidiana: un hombre visita una tienda («abarrotes, vinos y licores» solía ser el rótulo de muchos negocios en la capital pre-Oxxo), en una noche de ley seca, pidiendo al tendero que le venda alcohol, ya que organizó una fiesta y las bebidas se terminaron antes de lo previsto. Ante las constantes negativas del tendero (que no aparecen explícitas en la letra de la canción, enunciada desde la voz del fiestero), el tipo se enoja y termina por agredir al comerciante.

 

 

La situación, que con el trato adecuado tendería a un ejemplo de nota roja, se vuelve cómica, primero porque la situación se expresa desde la ingenua, fallida y disparatada perspectiva del borracho: el tipo explica que «encerró» a sus invitados para que no se fueran en lo que conseguía alcohol y reanudaba la fiesta, que parecía que llegaba a su mejor momento poco antes de quedarse sin bebidas. Bajo esta premisa, el hombre considera que la situación amerita molestarse, lanzar halagos, amenazas y finalmente golpes al comerciante.

 

Un segundo elemento que contribuye al humor es, sin duda, el lenguaje: el léxico del borracho incluye expresiones coloquiales y algunas groserías («maestro», «reventón», «chido», «chingados», etcétera) que acentúan el contexto informal de esta «comunicación», pero a la vez aparecen expresiones de ingenioso doble sentido (“ojo de ballena y echas agua por Detroit”, “saco la pistola y te mmm-meo”) y alguna que otra expresión culta (“nínfulas”, “culminación”) que acusan al tipo de pertenecer a la clase media, cosa que permite la identificación con el contexto propio del público que escucha a Delgadillo.

 

Por último, la voz de Delgadillo hace la muy sutil imitación de un hombre pasado de copas, con marcada expresividad en los momentos alegres o irritados de su discurso.

 

En fin, basta ya de palabrería y pasemos a la canción que, esperamos, les resulte tan graciosa como a nosotros.