La gramática de Arjona

Reciente investigación descubre las fuentes «ocultas» del guatemalteco, echando abajo años de misterio y burlas

Redacción RetaguardiaMix

 

Desde su lanzamiento en el lejano año de 1988, el disco del cantante guatemalteco Ricardo Arjona ha sido motivo de controversias, en parte por el tema del que se extrae su título: «Jesús, verbo no sustantivo».

 

La controversia, fuera de las críticas que el cantante hace a las instituciones religiosas que se conducen de manera hipócrita, se suscitó en el campo de la gramática: «Jesús», a todas luces, no es un verbo, sino un sustantivo, idea completamente opuesta a la del título de la canción.

 

Hasta ahora, dos explicaciones venían en auxilio del cantante: la primera se vale de la retórica, donde Jesús, como paradigma del amor fraternal, no representa al sujeto de la acción, (quien realiza la acción del verbo o de quien se habla en el enunciado), sino la acción misma. Jesús, que equivale a la acción de amar, es el verbo mismo.

 

La otra explicación viene del campo de la teología: según el Evangelio de Juan, «en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios» (Juan 1:1) y después el evangelista nos dice que «aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros», refiriéndose a Jesús (Juan 1:14). En efecto, para el cristianismo Jesús es «Verbo encarnado» por ser el hijo de Dios. Sin embargo, en los textos bíblicos no debemos interpretar la palabra «Verbo» como una categoría gramatical, sino como «palabra», voluntad de Dios. Jesús, nos intenta decir San Juan, preexiste como parte de la Santísima Trinidad siendo el Verbo (palabra de Dios) y, al encarnar, representa la voluntad de su padre entre los hombres, así como los deseos de los hombres ante su creador.

 

Andrés Bello

 

Sin embargo, la defensa de Arjona no había arrojado una explicación gramática que no dependiera de la licencia poética. En una reapertura del caso, el equipo de investigación de Retaguardia Mix recurrió a una importante figura de las ciencias humanas en América Latina (y como latinoamericano ilustre, es indudable que Ricardo Arjona conoce su obra): Andrés Bello. En uno de los apéndices de su Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos, el filólogo venezolano-chileno explica el uso como proposición u oración subordinada de la interjección «ojalá»:
 

Ojalá equivale a Dios quiera, y rige por consiguiente proposición subordinada en el modo subjuntivo común, de la misma manera que los verbos que significan deseo: «¡Ojalá que la buena causa triunfe!»; «¡Ojalá no paren en desgracia sus temeridades!»

 

Como sabemos, la interjección «ojalá» viene del árabe law sha’a Allah, expresión que significa «si Dios quisiera». Desde luego, el Dios del «ojalá» es distinto al Jesús de Arjona, por lo que podemos interpretar que la licencia poética del cantante va más allá de la primera explicación; en realidad, Arjona propone el uso del nombre Jesús como una interjección que exprese deseo, equivalente a una oración subordinada cuyo núcleo es un verbo elíptico, sobreentendido en la misma expresión «Jesús», tal como el «ojalá» de sustrato árabe lo hace: una expresión donde «Jesús» es sujeto y verbo a la vez.

 

Se trata de un neologismo cristiano, más adecuado a la idiosincrasia del latinoamericano que su contraparte musulmana. Dicha expresión propuesta por Arjona se uniría a otras interjecciones como «Primero Dios» o «Dios mediante».

 

Hablando con franqueza, en esta mesa de redacción consideramos poco probable que se pongan de moda dichos como «Jesús y sí termino a tiempo», «Jesús que no llueva», sin embargo, el propósito de este artículo es señalar que las intenciones comunicativas de Ricardo Arjona van más allá de algunas metáforas trabajadas en sus canciones, e incluyen, no sin cierta dosis de arrogancia, la revitalización de la lengua española.

 

Ricardo Arjona