Textos a una mano

De axilas y cosquillas

Alma Rodríguez (México, 1993, Psicóloga)
@AlmaWDR
 

«Me excita tu risa.

Me pone tu voz.

Y me corro viéndote amanecer.

Imagínate las ganas de morirte de ganas,

la música de tu orgasmo,

un cuerpo bañándose en saliva.

Me excita la manera que tienes de romperte.

Me pone tu corazón.

Y me corro mirándote cómo existes.

Voy a follarte haciéndote el amor,

deshaciéndote la vida, queriéndote en espiral»

-De lirios y de éxtasis

 

Foto: Constant Puyo

 

Tengo el hábito de llegar todos los días a mi casa y ver pornografía, a veces me masturbo y otras solo me quedo mirando.
 

La RAE dice que un hábito es un modo especial de proceder o conducirse por repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas; llegar después de un día de trabajo, recostarme y abrir xvideos se ha vuelto mi modo especial de proceder ante el estrés y el cansancio que he sentido a lo largo de la jornada y como ésta es de lunes a viernes, incluye por supuesto la repetición del acto, mínimo cinco veces por semana, considero también que el sexo y todo lo relacionado a ello es parte de esas tendencias instintivas, no por nada Freud atribuyó gran parte de (si no es que toda) su teoría sobre el comportamiento humano a pulsiones de tipo sexual, así que podría decir que además del estrés, poseo un instinto o mejor dicho, un gusto «innato» por mirar a otras personas mientras tienen sexo.

 

Mis gustos son variados, a veces veo alguno de los que están en la página de inicio que me llame la atención, amateur de preferencia, o al menos alguno en el que no parezca que hay guion y una gran producción detrás.

 

En otros momentos acudo al buscador, al igual que con mi portal de preferencia, tengo categorías consentidas: japanese, tattooed, gangbang, lesbian, defloration, teen, grandpa, hardcore, cada una de ellas me despierta cosas distintas; preguntarle, por ejemplo, a otras personas sobre sus categorías me parece un ejercicio interesante, el erotismo es universal, pero al mismo tiempo individual, cada persona es un histórico de memorias eróticas y sexuales diversas.

 

Uno de esos días me llamó la atención un video que tenía estas palabras en el título: japanese y busty, quizá algunos comprendan por qué, para quienes no les haya parecido tan claro he de recurrir a dos personajes: Daniel Kahneman y Amos Tversky, quienes en 1970 expusieron su teoría acerca de los heurísticos.

 

Un heurístico es un atajo mental, que, de acuerdo con estos autores la mayoría (o todos) utilizamos para solucionar problemas cognitivos complejos, uno de ellos explica muy bien la situación que les exponía hace un momento: heurístico de representatividad, el cual indica que solemos realizar inferencias sobre la probabilidad de que un estímulo pertenezca a una categoría; en este caso si yo pidiera en este momento que me dieran un listado de palabras que me describieran a una chica japonesa quizá no dirían: chichona o busty, «prejuicio» puede ser otra de las palabras que describan mi sorpresa ante la unión de estas dos vocablos, como cuando Groucho Marx dijo: «Inteligencia militar son dos términos contradictorios », en mi caso: «Japanese y busty eran dos términos contradictorios».

 

Tengo una fascinación en general por algunos aspectos de la cultura japonesa, y en particular las chicas me parecen tiernas, además sus gemidos (amados por unos, odiados por otros) me hacen disfrutar mucho, un video porno sin sonido no me despierta nada y en la adolescencia cuando debía esconderme para verlos, siempre me llevaba audífonos al baño, de lo contrario era imposible que alcanzara un orgasmo, le debo esto a una de mis memorias eróticas: un momento en el que yo de pequeña (6-8 años) veía una película en la sala con mi familia, cuando me dijeron «tápate los ojos», tomé una almohada y me la puse en la cara, incluso mi mamá la sostenía para asegurarse de que no viera nada, no contaba con que mis oídos estaban libres, percibiendo; eran gemidos, recuerdo bien que la chica decía: harder (más fuerte/duro), escuchaba también besos y respiraciones agitadas, para mi buena y su mala suerte, en la primaria llevaba clases de inglés y para ese entonces yo sabía muy bien lo que significaba harder, mientras percibía con los oídos sentía un cosquilleo fascinante en mi vagina, ese día en la noche, experimenté mi primer orgasmo, bueno, en ese entonces no sabía cómo llamarle, solo recuerdo los temblores y que cuando lo alcancé mi ojo derecho se me cerró, víctima de los espasmos.

 

Los gemidos de las japonesas entre llanto, placer, dolor y algo kawaii (adjetivo que usan los japoneses para cualificar algo o alguien como lindo o tierno) me gustan bastante, me excitan y confieso que algunas veces he tratado de imitarlos.

 

Comienza el video, lo primero que me prende es el cuerpo de esta mujer, distinto al de las demás japonesas que he visto, en efecto, busty la describe y yo agregaría booty, el cuerpo femenino siempre me ha parecido fascinante, reconozco la labor de quien graba, pues hace un zoom majestuoso a estos atributos y eso siempre se agradece.

 

Aparece en escena un tipo japonés, en cuyo físico no reparo, los hombres japoneses no me despiertan lo que las chicas, la cámara se mueve como si en el escenario solo estuvieran aquella mujer, el tipo japonés y el «camarógrafo»; la «trama» se desarrolla en un bosque dentro de una obra negra, las obras negras por lo regular emanan frío, creo que ni esa obra imaginaba que presenciaría un acto caluroso, y que el calor que de ahí se desprendió quedaría grabado para después, transmitirse a tantas personas que como yo buscábamos en su video salir del frío de la rutina.

 

La chica lleva puesto un short diminuto y un top ceñido a su pecho, no lleva brasier, lo cual permite que los espectadores apreciemos la erección de sus pezones enormes, la amarran con los brazos extendidos hacia arriba y comienzan a tocarla, en este caso, la manera tan «atascada» en la que la aprietan y acarician me encendió enseguida, me excitan precozmente los videos en los que percibo que la chica es deseada, como si el que la tocara o quien se la coge pensara que es el hombre más afortunado de tenerla ahí, desnuda, como si fuera una obra de arte a su disposición, como si llevara meses imaginando ese momento que ahora se torna realidad; comencé a masturbarme escuchando sus gemiditos, entre llanto y placer, imaginando que se me deseaba de esa manera, presenciando la calma con la que acariciaron por varios minutos sus pechos y luego soltando algunas palmadas en ese par de nalgas exquisitas, provocando sus gritos y gestos, siempre es lindo ver una cara hermosa con gesto de placer.

 

De las manos pasó a ser el miembro erecto el que se paseaba orgulloso por su cuerpo, yo mientras seguía pasando mis dedos (que ahora resbalaban víctimas de la humedad) por mi clítoris y mis labios, sintiendo el proceso de endurecimiento de mis pezones, y mi piel erizándose, cuando de pronto, una escena interrumpió mi atención:

 

***La dama de este matrimonio tiene una interesante costumbre de alcoba: al parecer se vuelve loca de deseo si su esposo le talla los codos***

 

La chica que antes estaba de pie ahora estaba de rodillas y el pene que antes recorría rincones que se antojaban deliciosos, ahora se frotaba contra la axila de la chica.

 

Sé que todo el cuerpo es susceptible al erotismo, cada uno de nosotros (o al menos los que hemos pasado un tiempo considerable explorándonos) tenemos bien identificadas zonas que, al ser acariciadas, activan memorias placenteras, en lo personal, la espalda, las nalgas y los senos me vuelven loca de deseo, los lectores pueden ahora pensar en las suyas, pero, tal como sentí con la extrañeza de ver una chica busty japonesa, interrumpí mi masturbación por ver que ahora su axila era la anfitriona del frotamiento.

 

La axila es de las únicas zonas (además de la boca) que no basta con la ducha para mantenerse con un olor agradable por un tiempo considerable, hay que agregar otra especie de menjurje: el desodorante, en el caso de la boca: la pasta de dientes, los pies también podrían entrar en la categoría por el talco, ello me hace pensar que en general la axila despide un olor desagradable; de igual forma la asocio con cosquillas, considero que la risa puede incluso disminuir nuestro deseo sexual, pienso que sería un buen ejercicio hacerle cosquillas a un hombre con el pene erecto y comprobar si dicha erección se intensifica o flaquea.

 

Me quedé mirando a la chica reírse, no sé si las cosquillas intensifiquen el deseo cuando no las experimentamos nosotros mismos, (¿a ustedes les ha excitado provocar cosquillas?) pero lo que presencié fue que el miembro continuó erecto al menos el resto del video «a pesar» de las cosquillas.

 

No culminé mi sesión y me quedé pensando en ello, en si el deseo de aquella chica había desaparecido, si era un elemento más que intensificaba el coctel de sensaciones que experimentaba o si su axila guardaba alguna memoria erótica que estaba siendo estimulada.

 

Finalmente tengo toda una historia con las cosquillas, quienes me conocen bien saben que una de mis memorias eróticas, algo desafortunada y con tintes pedófilos, comenzó así, con cosquillas.

 

 

Afecta a la pornografía, la enseñanza, el anime y los tatuajes. Alma Rodríguez además de tener una risa contagiosa y gran desparpajo, es psicóloga educativa.