Juega vivo. 12 poemas

Gerardo Maloney

(Panamá, 1945, Sociólogo)

 

Foto: Gerardo Maloney

 

El conductor

 

Rabert

fíjate bien,

tú has manejado toda tu vida

—Buses,

Martillos…

Máquinas…

Tablero de lotería

Caballos de Carrera

Carros de Coca-Cola

Sierras y Serruchos

Redes y cabezas de camarones

Pico y pala

y mulas en el Canal

rastrillos en los jardines

maletas y despedidas en los hoteles—

tanto así que tu cansancio

ya es de años.

Maneja de una vez por todas

un arma.

 

*****

 

El error

 

Oye, viejo…

está bien,

te engañaron y por eso estás cansado.

A ti se te cumplieron algunos de tus sueños…

Y los celebraste eufórico

Recuerdas

El día que viste a Mildred y recogiste los cuatro número…

El día que te casaste.

Qué bien sentiste…

Cuando bebiste tu cerveza dos mil

y acertaste la tercera dupleta…

Cuando llegaste a los sesenta

y tu tiempo terminó

y ahora que te sientas

mirando con una sonrisa

el mundo que nuevamente nace

y te das cuenta…

el Engaño ahora es mayor.

Descubres por fin tu error.

Callaste durante toda tu vida

 

*****

 

Mediodía

 

La gente busca dónde refugiarse de los rayos calientes

se detienen en las sombras,

en el fresco

a pensar en sus próximos movimientos

y repasar un poco las cuentas cubiertas,

las misiones cumplidas…

como paladearse algún líquido frío…

que diluya el calor que aprisiona el cuerpo.

Allí, entre ilusión y realidad

surgió con todos sus años la señorita Inés…

«Miss Aines»

se miraba consumida en años

con dos amargas penas…

Nunca poder regresar a casa

«back home»

y George que murió por salvar un gringo…

Poore Gaarge.

La gente de finca nueve y finca cuatro

gente que gozaban del privilegio de los comisariatos…

por allá por los años mil novecientos treinta y cinco

contaron después con tristeza

como el tren con el vagón pequeño

que llevaba adentro

al mandamás de todo aquel sembrado de banano,

entró en carrera loca

porque se confundieron las señales

y el impacto causó un montón de tristeza

mientras que Georgy boy desaparecía

adonde nadie pudiera conocerlo…

En ese periodo, la alegría se perdió por completo

porque meses después se desbordó el río

y hubo, ahogados y algunas casas arrastradas por la corriente…

Aines se fue entonces con el curso de su destino

y llegó a Panamá para abrirse camino…

lavó y planchó

después se alquiló un cuarto,

tiempo después, ardió una noche la casa de madera.

Confundida entre un mar de curiosos

volvió a ver su bautismo

en aquella pantalla ardiente…

¡faya…, faya…!

Así ha transcurrido el tiempo

y sus pasos arden hoy mucho más lentos,

pero en la viveza extraña de sus ojos

alguien que vive un presentimiento,

alguien que añora alguna cosa,

que sabe, que las distancias se han ido acortando

y que el final de su jornada, llegará pronto.

Por eso creo que se apresuró

a contarme todo esto

como para que no se perdiera con ella,

toda una vida, sufrida en el anonimato…

 

*****

 

Aunt May

 

Todas las noches,

mientras que ustedes

se recogieron en cenas y en reuniones

proyectos y despedidas

Aunt May… rezó

regresar algún día

al lugar de donde había venido.

 

Todos los días

mientras ustedes

firmaron cheques

verificaron cuentas

comprobaron claves

y la dicha de cien por hora

Aunt May… recorrió el tiempo

buscando acercarse… más y más

al soñado camino.

 

Todos los años

cuando se llegaba al último día

y se registraban en alegría

los triunfos y conquistas

y volaban cien palomas hacia la tierra prometida

Aunt May… lloraba en silencio

su tierra cada vez más lejana

«Now me know

we came fi stay»

 

(Panamá, 1979)

 

 *****

 

La espera

 

Ahora recuerdo bien aquellos días

de sol candente lunas enormes y amarillas.

Noches de luz y aire fresco.

Después vinieron las lluvias.

Primero, la noche arribando al ritmo melancólico del silbido de los pájaros

luego, el gris que cubre todo, con esa manía de descender del cerro,

uno siente que ya es muy de noche

y se acurruca con los ojos bien abiertos

en un rincón de todo ese silencio

y aguarda, con el tiempo detenido y la imaginación despierta…

Esperar…

que algo surja al principio del camino

y pueda mitigar el hambre.

Esperar, cruzar la calle

verle la cara al policía

abrir la llave

llenar la botella

ponerla en la nevera

prender el fuego

servir de blanco

acariciando la bolsa de pan de la señora Jalea.

Esperar…

que el viento o la lluvia derriben los mangos

a que juegue la lotería y acierten los sueños.

Esperar, los días de pagos

el humor de las bestias,

los pasajes de los muertos con sus novenarios, gritos y cantos.

Esperar por demás el último llanto,

a discurrir entre los trucos sin sentido

pasar de grados, salvando los laberintos.

Sonreír a las felicitaciones

agradecer las recomendaciones

derrotar el tedio de las antesalas.

Saber esperar

a que se pueda comprar la carne

a poder cambiar de pies descalzos

a saber de quién es el hijo

a que el cobrador aparezca nuevamente

a que vengan de nuevo los carnavales

las caras llenas, las manos limpias

los compases alegres:

«Back to black

belly to belly

I dont give a damn

I done dead alredy»

y a ver si alguien pronuncia tu nombre

los días de patria; tres de noviembre, once de octubre

primero de mayo, veinticinco de diciembre, doce de octubre

mil novecientos tres, primero de mayo, veinticinco de diciembre

cuatro de julio, 1968;

década del veinte, siglo pasado, días de futuro

Esperar a que se marche el último gringo.

Y mientras esperas

recordarás una fila enorme de tumbas,

las distancias que has caminado

los pagos lejanos que nunca se acercaron

y entenderás que los caminos

han sido trazados por los hombres.

Sentirás que por fin llega.

Todo se concentra ahora sobre nuestras cabezas

el repiquetear de las gotas ha llegado.

Cuando despiertes todo habrá terminado.

 

*****

 

Líder

 

Ese hombre

se levantó una mañana

y descubrió que era negro.

Se fue directo al espejo

y frotó sus ojos aún dormidos…

Se asustó porque no era un sueño

y gritó algo desesperado

para que la gente lo oyera.

Buscó entonces a otros

despiertos hace algún tiempo

y concurrieron durante muchas noches

a las discusiones, planes y posibles acciones.

Y él, que había vivido traicionado toda una vida…

sintió que la reciente ironía

de saberse negro

envuelto hasta las nubes

en una fantasía que era blanca,

era la verdad de todos esos negros, negros…

Sintiéndose líder y presidente

caminó nuevamente sus lugares cotidianos…

sin que los mismo rostros,

los mismos ojos,

las mismas voces,

le hablaran de la manera acostumbrada…

Sintiéndose negro,

bajó a los barrios y a sus rutinas diarias

las algarabías y diversiones…

Allí tampoco lo aceptaron

porque él se resistía a comenzar de nuevo

igual que ellos

a mostrar sus emociones…

a reconocer el dolor y la alegría de un hermano.

Y tuvo que montarse en retirada.

Hoy,

con los pasos fragmentados

con los pasos metidos en dos caminos diferentes

escucha y escucha

sin reconocer

la correspondencia necesaria

entre

su piel y su mente

entre su rostro y sus manos.

 

*****

 

Brayan

 

Queremos a Brayan

Porque habla nuestro

propio idioma…

Porque habla de aquí

ahora.

De las penas que sentimos

De los días sin comida

de la aventura por ganar un balboa

de las tardes de los hospitales

de los familiares en la cárcel

de los cuartos sin pagar

y de los niños que irán a la escuela.

 

Queremos a Brayan

porque dice lo que somos hoy

y hace lo que haremos nosotros mañana,

usar todos los caminos

que nos conduzcan a otra parte

menos denso, no tan pesado

como la carga, que nos reduce

la vida misma…

 

Brayan es real

nada docto, pero obstinado

como nosotros mismos,

que a pesar de todo

continuamos viviendo…

recuperando día a día la paciencia

adquiriendo en cada reto

un nuevo aliento de fuerza.

 

Queremos a Brayan

porque vive aquí mismo,

junto a nuestras penas y angustias

padeciendo en su cuarto

las esperanzas inciertas

subiendo y bajando

sin renunciar nunca.

 

Queremos a Brayan

porque encarna nuestra historia…

con las trampas, los engaños

la astucia y la malicia

que se aplican por lecciones

en el transcurso de esta vida.

 

Queremos a Brayan

porque reconocemos en él

la fuerza y la debilidad

que es esencia

de nosotros mismos.

 

*****

 

Este país

 

Este país,

de vainas y Espíritu Santo,

de mar contaminado y residencias lujosas

es mí, yo, tú, nuestro bello suelo.

Este país,

de manos vacías y rostros sudorosos

de sálvese quién pueda y cuentas corrientes

es mí, yo, tú, nuestro hermoso cielo.

Este país,

de yuca, mangotín y ñames vestidos de corbata

de piratas y políticos egocéntricos

es mí, yo, tú, nuestro tremendo recuerdo.

Este país,

de sueños incompletos y días lluviosos

de gente en algo y un interminable rosario

es mí, yo, tú, nuestro ansiado mañana.

Este país,

de colores vivos y discursos agresivos

de baños de suerte y palancas efectivas

es mí, yo, tú, nuestro defendido suelo.

Este país,

por cambiar, transformar o como quieras decirlo

es mí, yo, tú, nuestro primer compromiso.

 

*****

 

Derechos propios

 

No es cierto…

que cuando quedaban apenas algunos indios vivos

nuestros abuelos esclavizados,

hicieron la vida posible, por estas selvas inhóspitas

resistentes a la avalancha rapiña

que protagonizaron los héroes europeos.

 

No es cierto…

que años más tarde

nuestros antepasados «libres»

abrieron a tajo limpio el camino

para que corrieran por el Istmo

los vagones de hierro,

llevando nuestras entrañas, un montón de oro

y quién sabe a cuántos aventureros

que hoy son firmas prominentes en el

desierto de los rascacielos… ¡New York, New York!

 

No es cierto

que después nuestros padres

se quitaron los botines blanco y negro

los vestidos de lana y los sombreros finos y vistosos

para escarbar entre lluvia, sol,

fiebre amarilla y odio racista

nuestro debatido Canal.

 

No es cierto

que nuestra heredada nostalgia

convertida en colores vivos,

en ritmo y goce a fuerza de tambores,

hoy, esencia viva en nuestras costumbres y tradiciones.

 

No es cierto que sin nosotros

esta tierra no habría conocido

ni camino de cruces

ni ferrocarriles

ni fuertes, castillos o catedrales

ni un montón de caseros y comerciantes enriquecidos

que hoy desde las alturas

viven pensando frente al mar

descansando, de su agilidad diaria

en una Avenida Central bulliciosa y despiadada.

 

Tenemos entonces

el mismo derecho

de llamar las cosas en el idioma

que mejor se nos acomoda

cantar calipso o exigir para nuestras vidas

todo lo que ustedes, con ternura y con ironía

les han negado a nuestra gente.

 

*****

 

Errores propios

 

No queremos

que retornen

a nuestras playas

las palabras obscuras

que dicen todo

explican todo

dejando sin respuestas

a los hombres de quien se habla.

No queremos

que se apague la claridad

de tantos años,

los secretos del África,

las voces de los antepasados negros y sabios

las lecciones diarias

la supervivencia misma.

No queremos

nada

que no sea

el lenguaje nuestro…

No deseamos

repetir ahora

los mismos errores

del hombre blanco

la vanidad y la locura

en cada gesto…

Rescatar tan sólo

las manos mojadas

que recogen el sustento

en el mar revuelto

que se ha llevado nuestra gente, nuestra:

negros, negros

sudorosos

rostros

rostros

sudorosos, negros, negros…

 

*****

 

Yemayá

 

Apareciste…

sin ser visto

en el umbral de la puerta.

El volcán a lo lejos arrojaba

enormes bostezos de fuego.

Todo temblaba

como queriendo desprenderse

de los sitios asignados durante

tanto tiempo…

Nadie daba crédito

de que tu rostro

se había cubierto de flores

y que de tus manos

brotaban como fuentes termales

las lágrimas que retuviste

durante toda una vida…

Estuviste allí

sin poder moverte

o pronunciar alguna palabra

nada…

Cuando al fin te vieron

el temor les abrió como órbitas enormes

la boca y los ojos…

Pensaron que la tierra

se había abierto

y que tú apareciste

como para anunciar

cosas terribles.

Y nada…

no permitiste que hicieran

ninguna pregunta

y como llegaste volviste a irte

y quedó en el sitio

del umbral de la puerta

una flor

cubierta aún de un fresco rocío

 

*****

 

Mañana

 

De noche

cuando la vida se invierte

y todo es silencio

mientras la ciudad respira al mismo ritmo.

Abrimos el paquete y

Señores,

esto es lo que nos dejaron para mañana

una máquina…

un reloj

cien agujas

y una enorme piedra

el Hombre

su vida

sus sueños

y la inmortalidad.

 

 

Los trabajos sociológicos de Gerardo Maloney estudian primordialmente el papel de la raza negra en la conformación del pueblo panameño. Ha sido embajador en las Antillas, director del Canal 11 de la televisión panameña. «Juega vivo», libro del que se toman estos poemas, es solo uno entre los títulos de poesía que ha publicado en su prolífica carrera como escritor.