El circo y el amor en Enrique Iglesias

Apostilla

Redacción RetaguardiaMix

 

Alfredo Codona

 

Existe un viejo adagio que versa: Origen es destino. Y muchos tienen como punto de origen y como destino el nombre que recibieron al nacer. El hombre de quien ahora queremos escribir ha llevado su apellido y el peso de la tradición de su padre. Nos referimos a Enrique Iglesias, hijo de aquel artista y playboy Julio Iglesias.

 

El apellido Iglesias ha formado un visión mística en el pequeño Enrique, como su padre, ha dado vuelo a esta visión del mundo dentro de sus inquietudes. Por ejemplo, las laureadísimas estrofas de «Experiencia religiosa», que continúan con la tradición de equiparar el trance amoroso a un éxtasis divino, a una comunión con dios, tradición que tiene a San Juan de la Cruz entre sus nombres más conocidos:

 

Un aire de extasis en la ventana

para vestirme de fiesta y ceremonia.

Cada vez que estoy contigo

yo descubro el infinito

tiembla el suelo

la noche se ilumina

el silencio se vuelve melodía.

Y es casi una experiencia religiosa

sentir que resucito si me tocas

 

Pero ésta no es la única asociación, el amor en él también se convierte en calvario, el amor es un largo peregrinaje cargando un peso en el corazón, el amor es un viaje que termina en cruxifixión. Enrique dice en «Muñeca cruel»:

 

Aquí está mi cuerpo

para que haga lo que quieras de él.

Aquí está mi alma

para que sigas ensañándote.

Aquí está mi nombre

para que pongas a su lado una cruz.

 

Finalmente, remarcar una de las metáforas más esclarecedores del estilo del chico de las mangas largas, la de su pieza «Trapecista», donde la caída primigenia, la caída que simboliza la pérdida del paraíso se enlaza con los riesgos de la vida, con los riesgos del amor y con los riegos del acróbata del trapecio; uniendo así el sufrimiento humano, la unión amorosa y el ámbito circense, logrando una mezcla entre herejía y bufonada exquisita. Aquí un breve fragmento de  «Trapecista»:

 

Saliste de entre el fondo de la noche

Y cruzaste mi puerta pálida

te temblaba tu piel como una hoja

y susurrabas algo

Que más da

Te dije nada más:

maldita suerte.

Y sujeté tu mano mínima.

Te habían hecho mal en toda el alma

y venías a mí

buscando paz.

 

Loca,

jugaste al trapecista

y sin red

y el amor ciega

y el amor es cruel

¡No saltes te advertí!

¡No saltes!, pero ves,

es ley de vida

y amar es al fin caer

 

Enrique Iglesias